El amante contempla a su amado mientras lee

Media luna apunto tu silueta

recostado leyendo en el sillón,

esa espalda de joven desnuda

logra aterrizar mis pensamientos.

 

Apoyado en el carácter de tus codos

que tensan unas cimas con su escuadra,

eriges de tu curva línea mi deleite

a parar en el monte hendido que ya conozco.

 

Sonrojado te percatas de mi presencia,

pero continúas leyendo

y en tus labios de jugoso durazno

dibujas ¡oh, tan grata! sonrisa para mí

 

Mis talones no pisarán el suelo

que ya anduviste primero descalzo,

si me privas de esos ojos, amor

procuro silencio, y no molestarte.

 

Bajo el anverso de mis pies duerme

suspirando en ovillo la caoba,

mis tiernos calcetines la besan

con la suavidad que silente derramas.

 

Esta perla que habitas, hombrecillo

celebra en tu nácar su íntimo don,

de ella muda y arrebatarás su encanto,

quédate, y de sirenas marino collar vale.

 

Advierto el roce de vieja opalina,

que otra vez consiente tu curiosidad,

mientras tomo un abrigo del ropero

y tu espalda se duplica en el cristal.

 

Al tomar aire relajas tu coxis

luego doblas esas piernas en uve,

la pijama se corre hasta tus rodillas

y vuelves en círculos tu empeine lampiño.

 

¡Cuán afectado me siento!

al gozar siquiera de tu imagen

¡Cuán seguro de tenerte!

Acostado tras de mí.

 

Valentín E. Sánchez S.

 

 

 

Anuncios

APUNTES PARA UNA CONFESIÓN

Que el mundo me suprima

para escapar a esta condena

que es la enfermedad y

que la esperanza sea el arte de nuestra generación.

 

He nacido idea,

de ahí proviene mi terror, de ahí mi encanto,

he deseado pertenecerle a alguien, a ti

pero me dicen que los hombres no le pertenecen a nadie.

 

Las horas me pesan, me agobian,

me cuentan y las cuento en una carrera perpetua

rumbo a la desaparición de mí,

que anhelo y que me busca pero no me encuentra

y mientras, las horas me siguen.

 

En la carrera develo una esperanza

porque te necesito, sin ti yo no soy real,

si bien tú no me necesitas.

para mí eres el cuerpo.

 

Me molesta ser malinterpretado,

constantemente las personas me juzgan

de engreído, o alzado, o pedante o consentido,

o indiferente o mojigato o conservador,

como sea, parece que no soy la medida de lo que buscaban.

 

Porque mi sentir es tan inverosímil,

siento calor cuando al otro le da frío,

experimento alegrías al tiempo que los demás están tristes,

mis canciones predilectas son baladas que oscilan

entre lo cursi, lo depresivo y el ímpetu de los últimos recursos.

Yo mismo soy un recurso último,

el mío.

 

Pertenezco al lugar donde la gente

no se toma a sí misma tan en serio,

creo que mi vida se resume

en un desaforado intento por ser feliz

y hacer felices a otros.

Tengo el delicado poder de incendiar ánimos

y conciencias entre mis amigos y familia,

especialmente cuando hablo sin pensar dos veces

o cuando actúo sin el menor sentido común.

 

Entre mis pasatiempos están el contar sílabas,

repetir melodías aprendidas sin enterarme,

las enumeraciones y que las cuentas no me salgan,

desquitar mis ganas de vida en la Literatura,

sabotearme y querer que no me salgan las cuentas,

emprender proyectos para los que me falta fuerza,

tener ideas, perder ideas, recuperarlas.

A veces creo ser más mente que persona.

 

Mas he de morir cuerpo, envejecido

igual a cada juez y a cada idea que vivió.

Por fin podré usar de mis brazos,

de mi pecho, de mi lengua y de mis ojos,

cuando este largo sueño pase a ser yo.

.

No habrá cima que no quiera alcanzar

ni peñasco que me asuste,

desde cada desnivel que tope sobre la Tierra yo me lanzaré,

mi sed de paz será inundada

en cada baldío donde mis pies probaren del lodo,

el sol del desierto será mi único amigo sincero

ya no visitaré el agua porque al fin ha de ser mi casa primordial

 

Palpita mi corazón y se nubla mi mente,

alabado sea el coraje del enfermo,

el rigor de sus manías

y el estruendo de su ánimo.

 

 

Valentín E. Sánchez S.

VOZ DE MADRUGADA

Esa voz de madrugada en tu regazo

que me devuelve a las sensaciones

atenuado el exterior a nuestras pieles,

es la melodía de noches en vela

imaginarias fuera de esta alcoba;

que rompe con el silencio omnipotente

y nos ha visto amarnos en otras ocasiones,

es un desgarre de tinieblas

que funde mi espíritu en cuerpo

dispuesto por ti entre algodones.

 

Tu voz y sólo tuya, Emanuel

doblez que desparrama su arruga

en la planicie de mi espalda

por el paso de tu palma sedienta de ternura,

dintel que afianza el porvenir con pronunciarse

tan sólo.

 

Amado mío, y mi voz es también la tuya

cuando va dirigida por tu beso

también el claro destello de Venus a la ventana

que encarna las cosas

liberándolas de mi voluntad y juicio.
Me miras

y abreva en ti la mirada del amante,

del tierno esposo, el poeta y el padre,

vuelvo a ser tan oscuro de placer y pequeño a tu lado,

adivino de mi sueño, mis palabras te sobran,

con tus ojos ámbares que guardan mi desvelo

y distenden la fatiga de las horas,

la zozobra de mi corazón…
Preciosa ornamenta de tibio cristal

que humaniza a tu alma despierta,

te veo cual rubio corcel de crianza

bates tus crines y rompes con tu herradura

la fatalidad cerrada de una noche que fuera mía,

listo para andar por verdes prados

no llevas jinete cuando topas conmigo

y me diriges cual fiel señor de si mismo

la mirada de un reto.
Poeta,

orador artífice de empuje sin temblor,

elocuente hombrecillo insatisfecho

flechas mi corazón apesadumbrado

por un dolor que atravesado cae

ya tu latido ocupa su lugar.
Esposo que nieva sobre mí

por esta faz de joven enamorado

se apila desnuda con la facilidad de tus manos

llenándome

los vacíos de la rutina y el horario

tu decente blancura de bosque

arrulla mi tierra

repleta de astucias y cobardías.

 

Valentín E. Sánchez S. 

Trópico de Leo 

Lo mismo

Trópico de Leo

Me aclimata

La suerte de tu abrazo

Pasajero de baluarte lino,

Extiendo mi cabellera sobre el sillón 

Hojaldrado parisino

Y un portazo valiente

Anuncia tu llegada.

El que trae regalos te ha hecho una corbata

Y las mancuernillas que te dio tu madre el día de nuestra boda

Paseas la mirada desde la fogata hay el lecho vacío de nuestro perro

A mis ojos que te esperan desde las seis todos los días

Les sonríes digno de su alegría y esperanza en verte

Emanuel, ¿qué no saben que son correspondidos

 O porque lo saben es que te admiran? 

Afuera es la calle, parto llueve adentro.

Recostado junto a un manzanar

Cuelga en un portarretratos tu imagen 

Desaparece, al entrar en el piso tu silueta

Junto con mi recuerdo de ti,

Mis manos ya no tienen ansias

Cuando tocan tu frente verdadera.

Por la navaja recortada a contrapelo

Tu espuma amarilla bajo el calor de la lámpara

Mantequilla entre mis dedos,

Desbarató tu peinado y dejas fiel a mi instinto

Alcanzo tu cuello y entonces el beso 

Renovado de mi amor.

Valentín E. Sánchez S. 

FRENTE LA LUMIA ENAMORADO

Mi cuerpo tremebundo

anémona tibia me roza el vientre

explosiones de cal y arena

pilar de noche que se ahueca

tras mis ojos de pericia y sueño

adormeció

dormitando borró en la primavera

su espiga de laurel pobre

y quebradiza madre

 

Tótem civil me besas

frente la lumia enamorado

sarape de plumas

a mis brazos masaje conquistados

perdona mi insolencia

de niño sin freno.

 

Transparente ingenuidad

evocas la lluvia en mi alma

como el cervatillo que para su oreja

a una risa de colegial trovador

veo doblando la esquina tu rostro

¿cómo pudo ser que no he notado

hace años tu presencia?

 

Roto el compás de tu canto

en la garganta que desciende

por tu pecho de noble estirpe

a tu imagen de belleza,

escondida a vuestra consideración

colme vuestro arrobo mis ganas

de máxima libertad

 

Sereno amado que buscas

no te confunda mi piel tersa

yo no estoy aquí

tus ojos te engañan.

 

Valentín E. Sánchez S.

CUERPO AL ALBA

Estas cuevas extractoras en mi rostro

que me dan el hálito en cada respiración,

ahondan mi pecho son esplendor nacarado

y serenan la furia encadenada a mi cabeza.

 

Mi cuerpo ciego, dócil ante el tigre,

toca el velo de incertidumbre, y cae a través de su ébano

que canta y me arrulla;

palpita y escucho a mi garganta murmullo

gruesa la piel descubre mis cicatrices,

de la espada que atraviesa el metal precioso

y el Sol que ruina a la Tierra, de sus aguas

para dejar la sal y el rencor vivos.

 

De algodón el dorso de mis brazos

por el tacto de la arena

se deslizan y hunden en la tela

neblina de besos, piernas que se estiran deleitosas,

tan jóvenes como yo para seguir durmiendo.

 

Se rompen mis dedos, la horma y su vista,

como un madero truena y resquebraja

para ver nacer su descendencia

o poner fin a la gravedad del medio;

se abren y perfeccionan

libres por fin del yugo de la idea.

 

Mi cintura se amaciza y cobra el centro

motor de mis pasos invertidos

que descienden a la altura

de un horizonte plenamente sensible.

 

La colina que se extiende en un mapa personal

es rosada como el flamenco

alimentándose a la ribera,

ondea libre con la brisa excitante del nuevo día.

 

Valentín E. Sánchez S.

CAMINATA CON BORGES

Usted y yo no somos parientes

pero lo he elegido

para que ocupe el lugar de mi Padre

espero lo acepte

usted, que no tuvo hijos

y forjó un infierno para sí.

 

Negó a la vida su propia voluntad

y se volvió uno como el ser del mundo

no se hundió en las aguas de río

pero fue el río del Tiempo

no tomó la espada

mas fue la espada de fe y razón

y aunque fatigó el laberinto de su alma

no pudo convertirse en Minotauro para mí.

 

De manera personal no intercambiamos palabra ni vimos el rostro del otro

usted fue bonaerense que murió lejos de su patria, años antes de mi nacimiento

yo soy mexicano, dicen, y joven de un siglo nuevo que aguarda por nosotros a ser valientes

 

Su destino, la Literatura, marcó el mío, el error

lo leo y no lo leo a usted sino al mundo

la Muerte que se propina a usted mismo en cada oración

mana esperanza (aunque no lo quiera),

se templa mi sangre y mi corazón conoce su propia imagen

en un espejo vaciado de miedo

 

Nace de mí y es gratuito

el sueño de un hombre

que no he sido yo,

que no ha sido él,

que imaginó la pureza del mundo

y le aceptó.

 

¿Usted cree en la Santidad?

Creo en la ética, me dice

¿Por qué hablar con símbolos?

Quizá el horror de las máscaras consista en saber

que no hay nada esperando detrás de ellas, me dice

Es probable que lo único que haya hecho en mi vida, sigue, fuera ocular la verdad con su nombre.

Me preocupa ser un intelectual.

Si le preocupa, no puede serlo tanto, le digo

y ambos reímos.

Si en otro universo fuese yo su enemigo

¿me mataría?

 

Borges soñó con gauchos valientes y cuchillos que guardaban el rencor

pero más soñó con el olvido de sus derrotas y vergüenzas.

El milagro es este: usted no es nombrado.

Cuando alguien pronuncia el nombre de “Borges”, no habla de usted.

Usted ha sido olvidado,

Usted, dichoso.

 

Desconozco si fue cobarde en su tiempo y valiente con su imaginación

para mí usted es un valiente

qé que resistió al caos y a la neblina de los sentidos

y tomó la decisión temeraria de ser razonable,

el sueño más peligroso, el más arduo

y por eso, aunque no quiera, es usted maestro de más de uno.

 

La gente sufre la sobriedad del sensible

y no distingue su pasión crítica de la frialdad

soy hijo de una escéptica que no quiso prestarme sus ojos, porque me ama

a Borges su madre poesía en el último lecho

le cedería sus ojos para que no fuese ciego.

 

Yo no seré como usted

las máscaras demoniacas no me aterran

ellas son mis amigas

me enseñan que nada es tan fuerte como aparenta

ni tampoco tan débil.

 

Me siento enterado de una música conflictuada

que mis parientes, mis compañeros han olvidado

me siento enterado de una verdad inapelable, el hombre

me siento enterado de un ingenio y un egoísmo

que construyen el mundo

de una fe que se resiste a morir

del privilegio de escribir estas líneas

y de conocerte, amigo.

 

La memoria del universo, ahora te pertenece.

Valentín E. Sánchez S.

La primavera de los conservadores 

Eran viejos. Tanto

como la plena hoja vacía

que guarda la suma del polvo y el caos,

o la hiedra creciendo venenosa en los campos santos, 

o el agua de Mileto o el fuego de Heráclito. 

Fundidos con el instante, envejecían poseídos
de una promesa de trivialidad

y el incesante efluvio del viento les era ajeno,

y el reloj no marcaba las horas,

vivos por una eternidad figurada

hecha de angustia y ceguera. 

Sin padres, ni abuelos, ni hermanos

eran huérfanos en ausencia de la Palabra,

fuera de sus horas, efímeras y contadas,

cayeron en la monotonía de lo novedoso. 

En medio de la marcha de artistas y hombres de letras, 

levantaron la vista a los cielos

y el éter les fue entonces revelado,

en el primer azul copioso de mediodía,

y sus ojos se llenaron

con la luz que persevera en la nada

hasta develar la forma, el lenguaje, la cifra

de hombres que han pasado en dicha o desgracia,

por la misma penuria: la vida. 

Reverdecen en los libros, el canto, la imaginación

del hombre por el hombre

que piensa, cree y siente.

No están solos, acompañados de una voz

que palpita en ellos mismos, en el árbol,

en la ciudad, en la mañana, en Venus, en el campo,

en la luz que nos guarda;

en la noche cuando las estrellas se han ido. 

Son místicos y no lo saben,

poseen un sentir del mundo antes que una inteligencia, 

los sistemas, la filosofía son ficciones hermosas,

metáforas de su sentimiento,

¿Quién no tendrá miedo,

y reconocerá en la ciencia un motivo de vida

antes que una verdad?

Han renunciado a la doctrina del espectáculo

para proclamar su fe en la tradición,

no pueden decir si son felices o la esperanza 

a la que se han aferrado es feliz en ellos.

Sueñan el sueño conjunto de la Literatura,

no está muerta (mientras sueñe un soñador),

se han distanciado en la marcha 

de todo aquel que se premie con tener la razón

y asegure que alguien más se equivoca. 

Los contamina su ingenuidad. 

Han decidido no ser artistas ni señores letrados,

han decidido ser humanos y eso es tradición.

Los conservadores andan por la calle, 

a pie entre la gente,

voces de una misma penuria sin tregua

caminan en paz entre presuntos enemigos,

son la nota grave en el festival de marzo,

pero armonizan y la melodía no les pertenece.

Distintos ante el ojo público, esa mentira,

dispersos en la mancha de los rebeldes,

han optado por el vestido elegante

y el rostro discreto. No hay parcantas ni gritos.

Empuñan la bandera de la noche universal, 

soñadores que sueñan. 



                                                                                                                Valentín E. Sánchez S. 

NARCISO

Digno de Venus, digno de Apolo

nadie impresiona al muchacho

ni puede hacer su corazón palpitar,

ejercitado en el disfrute del paraíso

de un rio cristalino o un bosque de Faunos.

 

Por su sangre corren la herencia del océano

y la virginidad de una ninfa abusada,

de su pupila viril nacieron los mares

en que hombres y mujeres se distraen por igual,

de sus cabellos primorosos

descienden núbiles primaveras,

repletas de colibríes y botones de rosal,

y caen a sus hombros solteros.

 

Por su causa la desgracia última de Eco,

el desatino de Ninfas y dioses

anulados ante su desprecio,

cuando extendiéndole sus brazos,

el joven los rechaza y evoca a la Muerte

como a preferida compañera.

 

Dedicado a la caza y el desdén,

encontró un pasatiempo que lo exime de culpas:

mirarse al espejo o Némesis disfrazada.

Duda que una belleza tal pueda existir

y se cree soñado por un narciso,

sabe que está perdido pues no encontrará a su par

sobre la Tierra, y aunque lo buscara en el Inframundo

(como Virgilio a Beatriz),

seguirá contemplándose a orillas del Aqueronte.

 

Entre cazadores no le faltan envidias

o el rencor de una inferioridad,

más de alguno lo desea y no es correspondido,

temen ser horrendos o mediocres a su mirada

y eligen apartarse, cobardes, y dejarlo en soledad.

 

El del arco y la flecha se ha empeñado

en cruzar todo corazón menos el suyo;

realmente lo ama,

y no planea compartirlo con nadie más.

 

 

Valentín E. Sánchez S.

EL MIEDO A LOS AMADOS O EVANGELIO LIBRESCO SEGÚN VALENTÍN

Yo soy el que habla,

el que ha sido y el que será, la Palabra.

La Literatura es mi profeta

y el Sueño mi redentor.

 

Por fortuna, creo

en los hombres que inician el diálogo, único

porque tienen algo que decir,

creo en la sordera como un modismo

y que siempre hay alguien que te escucha.

 

Creo en la duda como verdad primigenia

en donde se conjugan todas las mitologías,

anterior al juicio, la mentira y el caos.

 

Creo que dios es un hombre divino y mundano

y sobrevive porque aún hay otro igual que cree,

o creyó en el pasado o creerá de nuevo en la posteridad.

 

Creo en infinitos mundos como posibles,

ninguno de ellos más irreal que éste, donde escribo,

también en infinitos yo e infinitos Evangelios.

 

Conozco secretamente mi destino,

de ser todos los hombres y tal vez ninguno.

Mañana, cuando despierte,

mi cuerpo estará en el mar

y el mar será una música,

y mi alma como el agua

en la que me bañaré por los días.

 

Creo en las causas perdidas,

en su nombre viviré, y a mi lado Sísifo,

creo que el dolor está obsesionado conmigo,

de igual forma la esperanza.

 

Si un inocente muere y no hay razón que justifique su muerte,

yo puedo vivir sin razón precisa,

por él, por mí y por el futuro.

 

Creo en el perdón como una llaga

que no cierra y que aísla en una trampa al odio.

Creo que no hay verdad inapelable sino el hombre,

por ello es negado por intelectos, gobiernos y líderes.

 

No te rebelarás ante nadie sino es a ti mismo,

pues ahí está la Revolución.

No echarás de menos tu cuerpo,

es tu alma que abre paso en el mundo.

No vivirás pensándote ajeno

que eres tan efímero como yo.

No menospreciarás tu esfuerzo

cuando nazca de una voluntad mayor a tu egoísmo.

 

Serás humilde ante todo, pues la humildad es el espejo en que mides tu fuerza.

 

Creo que el temor es el nacimiento de la valentía.

Teme el sueño de tu amado,

la imagen que sueñe de ti,

y no convengas en pesar que ese eres tú,

no es así.

Teme la caricia del amado,

y no convengas en pensar que el cuerpo que la recibe eres tú,

no es así.

Teme la palabra del amado,

y no convengas en pensar que te funda,

no es así.

Que todo les pertenece, menos tú.

 

Creo que el ojo público es una verdad atroz que me he inventado,

creo que el juez he sido siempre yo,

en la forma de mis amados.

 

El horror de uno que me hace olvidar quién soy, de dónde vengo,

el horror de uno parte de un mundo que me es ajeno.

Creo en el trabajo delirante y las oportunidades irrepetibles,

creo que el sentimentalismo es un lastre que cada hombre aprende a desechar,

creo en la poesía como el acto que cambiará el mundo.

 

Valentín E. Sánchez S.